LA RED SOCIAL DE LA QUE HABLARÁ TODO EL MUNDO

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Recuerdo cuando, años atrás, unos alumnos me preguntaron emocionados si tenía Facebook, a lo cual contesté con un simple (para mí) e inaudito (para ellos) monosílabo: no.

-“Twitter?”

-“Tampoco…”

-“…Snapchat sí, no?”

-“Ejem… no”.

-“A ver…. ¿al menos tendrás Instagram?”

-“No sé cómo deciros estos…pero (inspiré…) no”.

-“¿Telegram?”

-“Tele ¿qué?”

Sus rostros intentaban ocultar, sin éxito, una amalgama de pena y dolor.

-“Pero…¿entonces qué tienes?” Logró articular, no sin esfuerzo ante el estupor reinante, uno de ellos.

-Tengo una vida.

Tal vez porque nací a finales de la década de los 70, (si bien vivo rodeada de adolescentes) no entiendo la lógica que desprenden muchas de las redes sociales.

Miento. Entiendo lo que quiero entender. Entiendo que somos animales sociales, que necesitamos contar con amigos a los que acudir y familia a la cual recurrir. Y, por encima de todo, sentirnos queridos. Todos lo necesitamos.

Entiendo que solo existe un inagotable presente del cual disfrutar, un pasado para recordar y un futuro que anhelar. Muchas cosas por hacer y muchos recuerdos para almacenar.

Y creo, es más, estoy convencida, que la mejor red social es la escuela. Una red social que permite compartir momentos, ideas, reflexiones, experiencias, sin límites de caracteres o espacios.

Un espacio en el que uno puede toparse con personas que se sitúan en nuestras antípodas ideológicas o próximas a más no poder. Y debatir, analizar, compartir (ahora sí, en el mejor sentido de la palabra). Pero sin muro, en persona.

¿Dónde si no podremos gozar de algo así?

Disfrutemos de este presente (con doble sentido) que es la escuela. Y aprovechemos para aprender no tanto del profesor, sino los unos de los otros.

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